Por: Nicolás De la Cruz Picalua.
El Covid-19 nos ha revelado, al romper el velo de la fantasía, con sus
pliegues de hipocresía, demagogia, manipulación, populismo, falsedad, cinismo
que cubría con espesura la realidad social, que vivimos en un paraje gris,
confuso, lóbrego, deprimente y oprimente. En divorcio irreconciliable entre la
autoridad “legítimamente constituida” y el pueblo que manejan. Pues quienes
gobiernan son turbas de pilluelos que solo dejan caer basura, para que la gente
se la pelee por montón sin conciencia de las miasmas de la miseria a las
que les arrojan.
Muchas personas, la mayoría, lo cual es absurdo en un sociedad que se vanagloria de tener una forma de gobierno democrática, están repletas de derechos subjetivos pero gozan de muy pocos derechos objetivos; en las Constituciones Políticas de todos los países latinoamericanos, se pregona a bombos y platillos que tenemos derecho a la vida digna, a la salud, a la seguridad alimentaria, a la educación, a la seguridad social, a la protección de la tercera edad, que los derechos de los niños están por encima de todo etc., pero bien observado esto con una segunda mirada, vemos que es puro “realismo mágico”, la mayoría de las personas asumen los derechos en su cotidianidad como reales sin jamás tener existencia verdadera, eficacia pues para las autoridades encargadas de hacerlos realidad son bagatelas.
El covid-19 hizo que la miseria tuviera visibilidad, fuera enfocada por
las cámaras de la televisión lo que nos ha permitido ver desfilar rostros
lánguidos abrumados, ceños desesperados de madres solteras con sus bebes
a cuestas pasando hambre, miradas perdidas en la decepción de un presente cruel
y de un porvenir incierto, marchas de atribulados exigiendo bienestar social
para todos, con tropezones insolentes, con roces bruscos, atosigada
por la brutalidad jactanciosa de la policía irónicamente matando a
quienes por obligación constitucional les deben garantizar y proteger la
vida.
Horrorizados vemos como a los líderes sociales, a
los reclamantes de tierra que necesitan para producir alimentos, los masacran
sin que el Estado haga nada para protegerles y garantizarles su vida.
Todo eso confuso lo hemos detectado también entre el cinismo de los jefes máximos de los entes de control, fiscalía, procuraduría y contraloría, denunciando crímenes de lesa humanidad, cometidos por Ministros, Gobernadores, Alcaldes, Contratistas Estatales, como es robarse los dineros destinados a comprar los mercaditos de tantas personas famélicas, anunciado con cara adusta castigos ejemplares, fingiendo hipócritamente severidad copiando del cenagoso fondo de la charca vil, la claridad del cielo, como si estuvieran presionando para que les entreguen parte del botín y obtenido el resultado del ruin propósito, silencio total, si dije algo, no me acuerdo, con un manto de impunidad todo queda tapado, paralizado, petrificado el alaraco, ante la indiferencia de una sociedad sumisa y oprimida
Pero más allá de lo lóbrego, vemos en la sociedad personas decentes, trabajadoras, honestas que se mueven cual flores delicadas, en un paisaje acogedor movidas por un nuevo aire refrescante, con verdadero pudor, con ilusiones puras, con ensueños de libertad, de progreso y de paz, que viven en nuestra sociedad; que, están dispuestas a dar el cambio ambiental, económico, cultural y político impostergable que necesitamos todos para no sucumbir como seres humanos, pues entienden que la verdadera riqueza la produce la naturaleza, sembrado, cultivando y cosechando los frutos que da la tierra, para tener seguridad alimentaria, que comprenden que sin educación no es posible el saber que nos da acceso a la ciencia, a su aplicación práctica que es la tecnología y a todos los bienes que otorga la cultura, que tienen bien claro que el mejor sistema político es el que proporciona mayor bienestar material y espiritual a un mayor número de personas.
Ahí están esas masas de la sociedad esperando que, un movimiento intelectual y científico, como ocurrió en Europa una vez superada la peste negra, las ilustre mediante la difusión de la ciencia, la técnica, las artes, el pensamiento político, para derribar todo lo oprimente y empezar post Covid-19, una nueva vida.