A mi edad he comprobado que quién conoce y aplica las leyes de la naturaleza y las leyes sociales recibe una recompensa y quienes las violan reciben un castigo. Eso es inexorable, ya que toda causa produce un efecto y por lo tanto la ley de la causa y efecto, vigentes tanto en la naturaleza como en la sociedad,siempre se cumplen por eso nuestro comportamiento debe ser acatando los mandatos tanto de las leyes de la naturaleza como de las leyes sociales ( éticas, morales nos dicen lo que es bueno y lo que malo, y jurídicas que nos otorgan derechos y nos imponen obligaciones si lo que queremos es tener una recompensa que se traduzca en una vida próspera y en paz.
No exagero si afirmo que la Ética es el saber más preciado que atesora un ser humano. La afirmación puede resultar extraña porque, seguramente, todos podríamos nombrar otros conocimientos que concebimos más importantes para la vida. Por ejemplo, las matemáticas son fundamentales para el desarrollo intelectual de los niños, les ayuda a ser lógicos, a razonar ordenadamente y a tener una mente preparada para el pensamiento, la crítica y la abstracción. Además, son muchas las actividades de la vida cotidiana que tienen relación con las matemáticas, por ejemplo, la contabilidad que nos permite administrar nuestro dinero, medir y calcular la distancia para llegar a algún sitio, etc. No obstante, puedo vivir sin saber realizar muchas operaciones matemáticas. De hecho, con el paso de los años he olvidado muchas de ellas y mi vida no se resiente significativamente. Además, siempre puedo “delegar” esas operaciones o actividades en máquinas (calculadoras, ordenadores, etc.) o personas (contables) que me resuelvan problemas que requieran ciertos conocimientos matemáticos.
Pero si hay algo sin lo que no puedo vivir es, precisamente, sin saber cómo he de vivir. Sócrates, uno de los primeros filósofos morales, entendió que la Ética no trata de algo insignificante, sino de cómo debemos vivir y por qué. ¿Puedo vivir sin saber qué hacer con mi vida?, ¿qué debo hacer?, ¿qué decisiones debo tomar?, ¿cómo la debo orientar?, ¿cómo vivir una vida limitada de forma plena y satisfactoria? Y, sobre todo, ¿cómo puedo ser feliz? Todo ser humano se plantea estas cuestiones. Dependiendo de cómo se respondan el resultado de una vida vivida puede ser feliz, auténtica y satisfactoria o no. Y todo es más estresante si pensamos que la vida, una vez vivida, ya no admite una segunda oportunidad.
Como argumenta Aristóteles en el Libro II de la Ética nicomaquea, el hombre que posee la excelencia del carácter tenderá a hacer lo correcto, en el momento adecuado y de la manera correcta. Un ser humano excepcional es un ser exitoso ejemplo de humanidad.
Jean Paul Sartre, considerado uno de los grandes pensadores del s. XX y gran exponente del existencialismo, afirmó en El existencialismo es un humanismo, obra publicada en 1946 que recoge las ideas expuestas en una conferencia que tuvo lugar en París, en 1945, que el ser humano es un ser arrojado al mundo que comienza por existir. Se encuentra en un mundo al que él no ha decidido venir. El ser humano comienza por ser nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho a través de sus decisiones, de su conducta, en definitiva, de sus elecciones. Así, afirmará que “nuestra esencia, aquello que nos definirá, es lo que construiremos nosotros mismos mediante nuestros actos”. Por ello, el ser humano está condenado a ser libre. Debo elegir quién quiero ser y cómo quiero vivir. ¿Puedo vivir sin saber quién quiero ser y cómo debo vivir una vida buena?, ¿puedo vivir sin saber cómo ser feliz?
La respuesta es evidente: no. Pero cuidado, la ética no es un manual de instrucciones que permite aprender a vivir aplicando unas normas concretas según el caso. Entonces, ¿qué me ofrece la Ética y para qué me puede servir? Entre otras muchas cosas, la ética contribuye a formar seres humanos autónomos capaces de razonar, decidir y encontrar por sí mismos el sentido que quieran darle a su vida. Seres conscientes, actores de su vida, capaces de interactuar con el prójimo, la comunidad y con su entorno. La Ética sirve para conocer y valorar el significado de la dignidad personal, de la libertad, del bien y de la verdad, además de ayudar a reflexionar sobre los principios que orientan la conducta. De hecho, conocer los valores y escoger los adecuados para que sean el fundamento de la conducta es esencial para la consecución de una vida feliz. Además, la Ética permite adquirir una independencia de criterio y juicio crítico, mediante la reflexión racional. También a consolidar hábitos de conducta moral que ayudan a planificar la propia vida. A valorar y respetar la igualdad de derechos y oportunidades de todas las personas, con independencia de su sexo, y rechazar los estereotipos y cualquier discriminación. A fortalecer las capacidades afectivas en todos los ámbitos de la personalidad y en sus relaciones con los demás, así como rechazar la violencia, los prejuicios de cualquier tipo, los comportamientos sexistas y resolver pacíficamente los conflictos. A saber y entender que sin responsabilidad no hay libertad. A aplicar correctamente criterios para elaborar las mejores normas morales que permitan guiar la conducta para que esta no sea una simple respuesta instintiva o improvisada a las dificultades o circunstancias que la vida plantea.
A mis hermanos yo no los escogí nacieron junto a mi por la fortuna de un espermatozoide de mi padre que fecundo un ovulo de mi madre pero a mis amigos si los escojo yo y me siento bien con quienes tienen valores éticos, como la responsabilidad, la honestidad, la justicia, la integridad, la lealtad y la solidaridad.